Oct 202019
 

INICIATIVA DE LA MAYOR CESTA DE ESPAÑA

La ‘Gorda’ cae en un pueblo de 18 vecinos en forma de contratos para atraer población

La Bomba de Navidad cederá parte de la recaudación para que San Facundo (León) emplee a personas en riesgo de exclusión social en tareas de prevención de incendios y se instalen en el pueblo

Foto: El alcalde de San Facundo, Ricardo Vila (tercero por la izquierda arriba) posa con vecinos del municipio y otras personas que tienen casa en el pueblo. (EC)
El alcalde de San Facundo, Ricardo Vila (tercero por la izquierda arriba) posa con vecinos de la Entidad local menor de San Facundo y otras personas que tienen casa en el pueblo. (EC)

JOSE MARI ALONSO. PAMPLONA

Ricardo Vila, alcalde de la pequeña localidad leonesa de San Facundo, le ha tocado el Gordo mucho antes de que los niños de San Ildefonso repartan una lluvia de millones el próximo 22 de diciembre. Más bien dicho, ha sido agraciado con su hermana ‘la Gorda’ de Navidad, el sorteo de la macrocesta navideña ahora rebautizado como la Bomba de Navidad, que ofrece un camión repleto de regalos valorados en 300.000 euros libres de impuestos. Pero, para ser más precisos todavía, el premio que le ha tocado no es ni el coche, ni la hipoteca durante cinco años, ni las vacaciones pagadas durante tres años, ni la cesta de la compra para doce meses… Lo conseguido trasciende del aspecto material, ya que el premio es una inyección de vida para un pueblo que, con sus escasos 18 vecinos, lucha contra viento y marea contra su despoblación.

Vila posee el primer boleto ganador antes de que salga el número premiado. El popular sorteo de esta macrocesta de Navidad va a permitir ‘tapar los principales agujeros’ de esta entidad local menor enclavado en el Bierzo, dos en concreto: la falta de habitantes y la amenaza de los incendios. Una parte de la recaudación que se obtenga con la venta de boletos se va a destinar a este pueblo para la contratación de personas en riesgo de exclusión social para repoblar este enclave y acondicionar los bosques colindantes de cara a limitar en la medida de lo posible la posibilidad de incendios en un entorno natural que es «único».

Uno de los bosques que abrazan a la localidad de San Facundo. (EC)
Uno de los bosques que abrazan a la localidad de San Facundo. (EC)

De este modo, además de dar respuesta a los dos grandes problemas que amenazan a este enclave, la iniciativa tiene una importante derivada social, ya que se va a dar trabajo a personas con dificultades a la hora de acceder al mercado laboral para el mantenimiento y cuidado de los bosques del entorno con el objetivo de prever incendios y preservar, asimismo, la flora y la fauna. La pretensión es que estas personas se instalen a vivir de forma permanente y le den vida a un pueblo milenario que se niega a desaparecer.

Vila bromea con que parece un funcionario de Hacienda por el grosor de la cartera que lleva encima, donde siempre hay del orden de medio centenar de boletos. Se ha implicado con «pasión» en la venta y allí por dónde va coloca las papeletas, que presiden igualmente la web municipal. «No queda otra que moverse. Las cosas no caen del cielo», replica. El premio logrado —dice—, no se paga con dinero. Bueno, en este caso sí, porque de lo obtenido por la venta de boletos dependerá el número de contratos o el tiempo de duración de los mismos.

Vista general del pueblo de San Facundo, encuadrado en el corazón del Bierzo. (EC)
Vista general del pueblo de San Facundo, encuadrado en el corazón del Bierzo. (EC)

Nada del San Facundo de hoy se parece al San Facundo de 1993, cuando Vila accedió a la Alcaldía. Entonces, esta entidad local menor minerse encaminaba hacia la desaparición por la progresiva pérdida de población y la ausencia de atractivos para la juventud. Pero la resignación no forma parte del diccionario de este «gestor» por encima de político, que nunca ha arrojado la toalla para dar vida al pueblo. «Si me hubiera ido probablemente ahora el pueblo estaría deshabitado», asegura el alcalde. Lo dice él, pero también los vecinos, que le agradecen que se «desviva» para mantener activo el pueblo. Hoy, ese pueblo de más de mil años de antigüedad que hace poco tiempo estaba «condenado al olvido» es una referencia en el Bierzo, con reconocimientos a sus políticas sostenibles, gracias a su proyecto de potabilización de las aguas mediante rayos ultravioletas sin agentes químicos, su pionera playa fluvial dotada de Wifi gratuito que le permite combatir el problema de la falta de tecnología y comunicación que asola a las poblaciones pequeñas, o el soterramiento de todo el cableado municipal.

San Facundo recibe cada año 18.000 visitas, pero lo primordial es que el pueblo «no se mantenga con los veraneantes o los turistas, sino con vida propia»

La «calidad de vida» ha regresado al considerado en 2017 como el pueblo de menos de 1.000 habitantes más bello de León y el segundoen el conjunto de Castilla y León. El alcalde admite que, si bien la mayor parte de los 18 vecinos son «gente mayor», el pueblo ha «quitado el cartel de peligro de extinción». Cada año recibe 18.000 visitas, pero lo primordial es que San Facundo «no se mantenga con la gente que llega en verano o con turistas, sino con vida propia», con gente nueva que se instale en el pueblo. «Fijar población es prioritario», asevera para rechazar esa fotografía de vida que proyectan los turistas.

Ricardo Vila posa en un banco del pueblo. (EC)
Ricardo Vila posa en un banco del pueblo. (EC)

De ahí que el generar puestos de trabajo para fomentar la llegada de nuevos vecinos se haya convertido en el principal caballo de batalla de este «oasis en el Bierzo». A este respecto, Vila considera que las personas contratadas dentro del proyecto acordado con la Bomba de Navidad podrían quedarse a vivir en el pueblo de forma definitiva. «Sería un buen comienzo», apunta.

Porque, como bien deja constancia, la Bomba de Navidad no es la «solución definitiva» para el pueblo, y sí el «primer» e «importante» paso de cara a emprender ese camino que permita consolidar la población. «Lo que salga de esta iniciativa puede marcar el inicio de este proyecto para ampliar la población, para que comience como algo serio y sólido», expone Vila. Por ello, lo «realmente importante», como subraya el alcalde, no es que la Bomba de Navidad «se quede como una mera anécdota de 2019″, sino que, lejos de ser una acción puntual, «marque el inicio del crecimiento de la localidad» y de su resurgir.

Una vecina en las calles de San Facundo. (EC)
Una vecina en las calles de San Facundo. (EC)

Se trata de la primera ocasión en la que la dirección del popular sorteo navideño cede parte de su recaudación para impulsar un proyecto solidario en sus ocho ediciones . «Este año hemos dado un paso adelante con la evolución de nuestra marcha y lo hemos acompañado de un proyecto diferente que tiene el objetivo común de no dejar morir nuestros orígenes y tradiciones. Yo también nací en un pequeño pueblo de Navarra y por esto este proyecto me hace mucha ilusión. Ligar algo tan nuestro como son los pueblos con algo tan tradicional como los sorteos navideños tiene todo el sentido», expone Jesús Berisa, socio fundador de La Bomba de Navidad.

Esta apuesta por llevar a cabo una acción «significativa» ante el problema de la despoblación que afecta a muchos municipios españoles —se calcula que la mitad de los pueblos está en riesgo de desaparición— ha unido en esta primera ocasión los caminos de dos puntos distanciados sobre el papel por unos 500 kilómetros de distancia —la macrocesta tiene su base en Castejón (Navarra)—. ¿Por qué San Facundo? Se puede decir que el azar, como ocurre en todo sorteo, también está detrás en esta unidad de acción. «Conocí el trabajo de Ricardo Vila a través de mi mujer, que es del Bierzo, y cuando me explicó sus logros y necesidades actuales solo pude preguntarle: ¿cuándo empezamos?», relata Carlos Bóveda, el director comercial de la Bomba de Navidad, que a lo largo de su historia ha repartido más de un millón de euros en premios con el «camión de regalos más grande de Europa», cuyo ganador volverá a ser este año el propietario del boleto cuyo número coincida con el primer premio del sorteo de la Lotería de Navidad del 22 de diciembre.El éxodo urbano de España: la nueva despoblación del siglo XXIJESÚS ESCUDERO

Vila es realista y no quiere vender humo. No quiere hablar del número de contratos para el mantenimiento de los bosques con tareas que implican el desbrozamiento de fanchas anchas y la poda y clareo del arbolado del monte —»hay que poner los remedios antes de que suceda un incendio que haya que lamentar», defiende— a expensas de la recaudación de la venta de boletos. Con la mirada en el futuro, aspira a lograr financiación por otras vías para ofrecer otro tipo de atractivos que permita la necesaria llegada de nuevos vecinos. El futuro del pueblo, advierte, depende de ser capaz de revertir los problemas derivados de la despoblación. A este respecto, Vila ve «factible» que a futuro el censo de San Facundo pueda sumar las 60 personas que estaban empadronadas en el pueblo cuando accedió a la Alcaldía de la entidad local menor hace un cuarto de siglo. La incógnita (o el problema) es cuándo.

Camión de La Bomba de Navidad, que ofrece premios por valor de 300.000 euros libres de impuestos. (EC)
Camión de La Bomba de Navidad, que ofrece premios por valor de 300.000 euros libres de impuestos. (EC)

Por lo pronto, es consciente de que antes del sorteo ya ha ganado el mejor de los premios para lograr su propósito, el de la publicidad, dada la repercusión que está teniendo a pie de calle este proyecto solidario. Trascendencia en cuanto a imagen pero también a efectos prácticos, con la venta de las papeletas. «Mucha gente me está pidiendo boletos por la perspectiva social que existe. Quieren apoyar dada la trascendencia del proyecto», resalta, orgulloso de la respuesta que se está encontrando. «Lo primero es ayudar a que este pueblo tan bonito no desaparezca, pero sí además me quito la hipoteca cinco años o cambiar mi coche…», señala María del Mar Díaz, vecina de una cercana localidad a San Facundo. «Lograr más población nos dará otras perspectivas y oportunidades», remarca Vila. Este es su anhelado Gordo. Mejor dicho (de nuevo), su anhelada Gorda.

Nota: se ha sustituido la palabra municipio por entidad local menor.

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