Sep 152012
 

La triste y sarcástica historia de las pedanías

La realidad de la mayoría de las pedanías es tan simple y cruda como la siguiente: todos los impuestos  recogidos por el Ayuntamiento del que dependen  y que corresponden a la pedanía (IBI, Rústica, Impuesto de vehículo, Contribuciones del Estado…) van  directamente  a las arcas del Ayuntamiento y no revierten  en inversiones y gastos en la pedanía. Las competencias y responsabilidades que el Ayto tiene que asumir respecto a la pedanía son inexistentes gracias a una normativa difusa y a la dejadez de la Diputación en vigilar que esas responsabilidades de inversión se produzcan.

¿Qué han tenido que hacer las pedanías para desarrollarse y modernizarse, tener agua corriente, luz pública, pavimentación, etc? Con un esfuerzo encomiable, los alcaldes pedáneos han tenido que gestionar sus bienes (montes, cotos de caza, pastos, tierras de cultivo…) para disponer de la financiación y asumir esas inversiones que son del Ayto.  Esta es la relación asimétrica e injusta hasta hoy para las pedanías.

El Anteproyecto de remodelación de la Administración local (se llama  con el divertido nombre de Anteproyecto para la Racionalización y Sostenibilidad de la Administración local) propone en un principio  la desaparición fulminante  de las pedanías. Todo parece indicar,  aparentemente, que dejamos de tener una entidad jurídica y que todos nuestros bienes (en muchos casos bienes comunales) pasan a propiedad del Ayto.

No tengo la impresión que vaya a cambiar la actitud egoísta de los Ayuntamientos a la hora de apoyar en inversiones a sus pedanías, incluso después de quedarse con todas las propiedades de éstas últimas. Seguirán con su costumbre de ignorarnos. A no ser que tengamos una cuota de participación de concejales en el ayuntamiento y se establezca una obligatoriedad en la cuantía de inversiones  anuales sobre la pedanía.

En Diputaciones de otras Comunidades Autónomas hoy, con el sistema actual, las pedanías tienen asignado un dinero no desdeñable cada año para inversiones y es directamente la Diputación quien paga ese coste de inversiones. Estamos a años luz de esta situación en Burgos.

Otro aspecto diferente que quiero mencionar es que la desaparición de las pedanías va a suponer el estrangulamiento de todas las iniciativas de desarrollo de las pedanías que propiciaban los alcaldes. Por una sencilla razón: porque estos alcaldes pedáneos ya no existirán. ¿Quién se va a preocupar de resolver lo problemas sobre el terreno y hacer         que el pueblo  tenga iniciativas de futuro?  Estamos hablando de algo crucial: romper las inercias que hacen que los pueblos vayan a  menos y desarrollar las iniciativas de estos pedáneos, que conocen la realidad sobre el terreno. Hablamos, por tanto, de lo esencial y que se resume en una palabra: Desarrollo.

Sinceramente: el desaguisado, la ignorancia, la falta de visión, las ideas huecas, las falsas soluciones que se convertirán en problemas, el desinterés y la precipitación marcan los tiempos de nuestros líderes en un contexto donde, más que nunca, necesitamos una visión inteligente de las cosas.

Tomás Camarero Arribas

Alcalde pedáneo de Briongos de Cervera

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