Oct 042012
 

David Díez Llamas Doctor en Sociología. Autor de la obra «irresponsables» 04/10/2012

Ami modo de ver la crisis actual podría haberse evitado si se hubiese seguido lo que podríamos decir que se encierra en la filosofía y la tradición de los pendones leoneses. Trataremos de explicarnos y justificar está afirmación a lo largo de este artículo.

En primer lugar diremos que para izar el pendón se hace necesario la fuerza del conjunto de los pendoneros para levantarlo. Sería equivalente al esfuerzo necesario para que desde el erario público se inicie una obra pública. En ambos casos se hace necesario la unidad de los vecinos para alcanzar el objetivo deseado. Hay que «remar» todos en la misma dirección.

Una vez que se ha izado el pendón lo fundamental será mantener el equilibrio que permite avanzar en el recorrido. Ese equilibrio es esencial en la ejecución de la obra pública. No tiene sentido que se hagan polideportivos, centros culturales o aeropuertos de los que luego no se puede hacer frente a sus gastos de mantenimiento. Se ha llegado el caso a tener que cerrar centros de estas características por no poder pagar la factura de la luz. Se hace necesario el sentido de la medida.

El pendonero sabe que el recorrido con el pendón izado no puede hacerlo una única persona. Se hace necesario que el pendón pase de unos a otros y que ese trasvase se haga en la mejores condiciones posibles para que el pendón no se caiga. En esos momentos del trasvase es donde de modo particular se presta especial atención por parte de todos los participantes a que el mismo se haga correctamente. También en el transcurso del devenir político a unos gobernantes les suceden otros, ya sean del propio partido o de la oposición. La falta de miras ha hecho que a veces se actué bajo el criterio de que «el que venga detrás que arreé». En principio puede ser mucho más vendible el presentar al electorado determinadas obras que el tener unos presupuestos saneados. Tal vez esto pueda ser una de las cosas que cambien tras la importante crisis que estamos padeciendo. En todo caso se hace necesario actuar al modo de los pendoneros y ser conscientes de la necesidad de traspasar los poderes en las mejores condiciones posibles desde la lealtad y la asunción como propios de unos objetivos comunes.

Desde el inicio del recorrido las personas conocen el principio y final del mismo así como tienen previsto quién debe de llevar el pendón en los diferentes tramos. Ese valor de la información entiendo que también es algo a tener muy en cuenta desde las instituciones públicas. La transparencia debe ser un valor emergente que nos ayude a superar la situación actual. No puede ser que la ciudadanía se entere de las cosas y de los problemas cuando ya la situación se ha vuelto insostenible. Se hace necesario que se puedan adoptar medidas de rectificación antes de que se llegue a la gravedad que va ligada a medidas de urgencia que son más drásticas y dolorosas de lo que podrían haber sido de actuar a tiempo. Vendría a ser como el atajar una enfermedad en los inicios de la misma o cuando ya está muy avanzada, la peligrosidad de la misma no es la misma.

Un valor para mi especialmente relevante del mundo de los pendones leoneses es su capacidad para aglutinar bajo el pendón del pueblo a todo tipo de personas. Hay hombres y mujeres, jóvenes y viejos, de izquierdas y de derechas, creyentes y ateos, de raza blanca y de raza negra. Todos se unen en el orgullo de representar a su pueblo y ponen todo su esfuerzo en que esa representación sea lo mejor posible. En la crisis actual ese pendón se llama España y sería necesario tener esa capacidad de unión con independencia de las ideologías, de los distintos segmentos de edad, o del origen territorial. Habría que preguntarnos que podemos aportar cada uno para salir de la situación actual. Sin renunciar a pedir responsabilidades a quién corresponda, creo que tampoco es conveniente limitarnos a demandar a otros que nos solucionen las cosas. Hay que ser activo en buscar salidas a la crisis actual.

En los pueblos leoneses hay una profunda tradición democrática y participativa. Es en Concejo donde se toman las decisiones que afectan al común. Luego, especialmente en los tiempos en los que faltaban los recursos, se buscaba ejecutar esas decisiones haciendo llamada a facendera, de modo que los vecinos se unían en la tarea común en beneficio del pueblo. Así si se había decidido limpiar un determinado camino, los regueros o la explanada de la fiesta, todos los vecinos se unían en su esfuerzo por alcanzar ese objetivo. Todos ellos también se veían beneficiados por esa obra que habían decidido hacer.

En la España actual entiendo que también sería bueno recuperar esa tradición de la facendera. Para ello es necesario dos cosas esenciales, la primera que la tarea a ejecutar sea algo que se decide desde el propio medio social, lo segundo que las personas que prestan su esfuerzo en esa tarea se sientan directamente beneficiados por la misma.

Entiendo que debemos hacer una recuperación de valores que hemos ido perdiendo y que en ello podemos encontrar una renovación social que resulta necesaria de cara a superar la crisis actual. Entre esos valores estaría los de la cooperación, la solidaridad, el sentido de la medida o el esfuerzo recompensado.

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