Feb 182013
 

La Meseta

La Ley presentada en el Congreso de los Diputados sobre Racionalización y Sostenibilidad de la Administración Local supone la aniquilación de las entidades locales menores y la Ley de Ordenación, Servicios y Gobierno del Territorio de la Comunidad de Castilla y León pretende la concentración de servicios en unidades supramunicipales y la resurrección in excelsis de las Diputaciones Provinciales.

Valentín Cabero – Catedrático Geografía. Universidad Salamanca

Nuestra Comunidad Autónoma de Castilla y León camina hacia la ruina total. La debacle demográfica ha sido puesta de relieve una y otra vez, sin que la Agenda de la Población de la Junta de Castilla y León haya sido capaz de dar respuestas positivas. Hasta ahora todo ha sido retórica política. ¿Qué decir de la catástrofe financiera que estos días ha llegado con los retales de Caja España-Caja Duero al corazón de la ciudad de León, y deja llenos de rabia y pesimismo a miles de honestos y honrados ciudadanos? ¡Qué decir de los recortes y pérdida de autonomía de nuestras universidades publicas frente al creciente poder y generosidad con las privadas!

La política neoliberal y tecnocrática que estamos viviendo bajo el discurso de los recortes, de la austeridad, de la racionalidad y del socorrido mantra de la sostenibilidad esconde a verdaderos lobos y lobeznos cubiertos con pieles de ovejas y de corderos. Cubiertos eso si con un manto legislativo que busca adueñarse de las joyas ambientales, de los recursos forestales, de los dominios pratenses, de las reservas hídricas, de los yacimientos mineros, etc. que nos quedan, y que son señas de identidad y de referencia común. De momento, y aprovechando la crisis o justificando “la consolidación fiscal como máxima prioridad”, dos instrumentos legislativos se han puesto manos a la obra para derrumbar definitivamente el armazón de las estructuras locales más antiguas y reconocidas, y para arramblar con sus pertenencias y recursos más valiosos.

Por un lado, la Ley presentada en el Congreso de los Diputados sobre Racionalización y Sostenibilidad de la Administración Local supone la aniquilación de las entidades locales menores, y por otro lado, la Ley de Ordenación, Servicios y Gobierno del Territorio de la Comunidad de Castilla y León pretende la concentración de servicios en unidades supramunicipales y la resurrección in excelsis de las Diputaciones Provinciales. De la comarcalización nada se dice.

Fachada de la Diputación Provincial de Salamanca. /J.S.

Fachada de la Diputación Provincial de Salamanca. /J.S.

Menos mal que las asociaciones de entidades locales menores se han puesto en movimiento, redescubriéndonos los valores y ventajas de su presencia y gestión en el territorio, y denunciando cómo los intereses desamortizadores y las aves de rapiña de la privatización sobrevuelan sobre nuestros paisajes y nuestras tierras preñadas de memoria, de esfuerzo colectivo y de riquezas para el futuro. Mientras tanto, el partido de la oposición sigue en Babia y perdido por los Cerros de Úbeda.

Recordemos que en Castilla y León de los casi 2 millones de hectáreas forestales gestionadas por la Comunidad Autónoma, 1.664.206 hectáreas son montes catalogados de Utilidad Pública pertenecientes a las entidades locales. Sobre estos recursos el expolio y las usurpaciones son ya visibles. El 20% de esta superficie está contratada por la Consejería de Medio Ambiente, y las dentelladas que se avecinan sobre estos bienes serán mayúsculas de materializarse las amenazas previstas y puestas en marcha. El traspaso de las Entidades Locales Menores a los municipios es el primer paso, y vaciarlas de competencias, el segundo. La despoblación ya hizo su labor de zapa y de erosión territorial. Ahora llega la almoneda y la subasta.

Recuerdo aquí y ahora las palabras escritas por Francisco Tomás y Valiente, presidente en su día del Tribunal Constitucional y vilmente asesinado por ETA, cuando nos señalaba en 1974 en una magnífica lección quienes eran los compradores y beneficiarios de las sucesivas desamortizaciones del siglo XIX: “ En primer lugar, un puñado de negociantes… de profesionales de las subastas, de especuladores o acaparadores más o menos escrupulosos o tramposos, hombres a quienes no ofenderíamos calificando de oportunistas. En segundo lugar, grupos típicamente burgueses de comerciantes, abogados, funcionarios (con frecuencia titulares de cargos burocráticos responsables de la aplicación de la legislación desamortizadora), industriales y políticos…”.

Junto a estos protagonistas podemos indicar también la presencia de grandes hacendados, de algunos nobles, y de muy pocos, poquísimos campesinos.

Traslademos estos datos, estas figuras del inmediato pasado, al momento actual, y hagamos una hipótesis acerca del futuro de nuestros bienes comunales y del patrimonio público. ¿Quiénes serán los nuevos acaparadores y beneficiarios en la nueva desamortización del siglo XXI realizada bajo la bendición de una legislación y ordenación que priva a los pueblos de sus derechos y propiedades históricas? Me atrevo a señalar, en palabras de Cervantes y Quevedo, a los bellacos, malandrines y tramposos de nuestros días: a los defraudadores amnistiados por Montoro, a los empresarios vinculados a la CEOE y protegidos por la administración, a los burócratas instalados en los altos intersticios del poder, a los constructores con dinero negro, negrísimo, agazapados ahora en los escondrijos de la crisis, a las corporaciones industriales y bancarias que acogen en sus consejos de administración a altos expertos en tráfico de influencias para pagarles los favores y “servicios” prestados. Muchos de ellos, con sus cumquibus, se han refugiado hace tiempo en grandes cotos redondos. Muy pocos, poquísimos, campesinos tradicionales y emigrantes que engrosaron el éxodo rural se beneficiarán de esta nueva desamortización.

Adiós a la agricultura y ganadería familiar y a las prácticas concejiles respetuosas con el medio ambiente.

Oct 042012
 

David Díez Llamas Doctor en Sociología. Autor de la obra «irresponsables» 04/10/2012

Ami modo de ver la crisis actual podría haberse evitado si se hubiese seguido lo que podríamos decir que se encierra en la filosofía y la tradición de los pendones leoneses. Trataremos de explicarnos y justificar está afirmación a lo largo de este artículo.

En primer lugar diremos que para izar el pendón se hace necesario la fuerza del conjunto de los pendoneros para levantarlo. Sería equivalente al esfuerzo necesario para que desde el erario público se inicie una obra pública. En ambos casos se hace necesario la unidad de los vecinos para alcanzar el objetivo deseado. Hay que «remar» todos en la misma dirección.

Una vez que se ha izado el pendón lo fundamental será mantener el equilibrio que permite avanzar en el recorrido. Ese equilibrio es esencial en la ejecución de la obra pública. No tiene sentido que se hagan polideportivos, centros culturales o aeropuertos de los que luego no se puede hacer frente a sus gastos de mantenimiento. Se ha llegado el caso a tener que cerrar centros de estas características por no poder pagar la factura de la luz. Se hace necesario el sentido de la medida.

El pendonero sabe que el recorrido con el pendón izado no puede hacerlo una única persona. Se hace necesario que el pendón pase de unos a otros y que ese trasvase se haga en la mejores condiciones posibles para que el pendón no se caiga. En esos momentos del trasvase es donde de modo particular se presta especial atención por parte de todos los participantes a que el mismo se haga correctamente. También en el transcurso del devenir político a unos gobernantes les suceden otros, ya sean del propio partido o de la oposición. La falta de miras ha hecho que a veces se actué bajo el criterio de que «el que venga detrás que arreé». En principio puede ser mucho más vendible el presentar al electorado determinadas obras que el tener unos presupuestos saneados. Tal vez esto pueda ser una de las cosas que cambien tras la importante crisis que estamos padeciendo. En todo caso se hace necesario actuar al modo de los pendoneros y ser conscientes de la necesidad de traspasar los poderes en las mejores condiciones posibles desde la lealtad y la asunción como propios de unos objetivos comunes.

Desde el inicio del recorrido las personas conocen el principio y final del mismo así como tienen previsto quién debe de llevar el pendón en los diferentes tramos. Ese valor de la información entiendo que también es algo a tener muy en cuenta desde las instituciones públicas. La transparencia debe ser un valor emergente que nos ayude a superar la situación actual. No puede ser que la ciudadanía se entere de las cosas y de los problemas cuando ya la situación se ha vuelto insostenible. Se hace necesario que se puedan adoptar medidas de rectificación antes de que se llegue a la gravedad que va ligada a medidas de urgencia que son más drásticas y dolorosas de lo que podrían haber sido de actuar a tiempo. Vendría a ser como el atajar una enfermedad en los inicios de la misma o cuando ya está muy avanzada, la peligrosidad de la misma no es la misma.

Un valor para mi especialmente relevante del mundo de los pendones leoneses es su capacidad para aglutinar bajo el pendón del pueblo a todo tipo de personas. Hay hombres y mujeres, jóvenes y viejos, de izquierdas y de derechas, creyentes y ateos, de raza blanca y de raza negra. Todos se unen en el orgullo de representar a su pueblo y ponen todo su esfuerzo en que esa representación sea lo mejor posible. En la crisis actual ese pendón se llama España y sería necesario tener esa capacidad de unión con independencia de las ideologías, de los distintos segmentos de edad, o del origen territorial. Habría que preguntarnos que podemos aportar cada uno para salir de la situación actual. Sin renunciar a pedir responsabilidades a quién corresponda, creo que tampoco es conveniente limitarnos a demandar a otros que nos solucionen las cosas. Hay que ser activo en buscar salidas a la crisis actual.

En los pueblos leoneses hay una profunda tradición democrática y participativa. Es en Concejo donde se toman las decisiones que afectan al común. Luego, especialmente en los tiempos en los que faltaban los recursos, se buscaba ejecutar esas decisiones haciendo llamada a facendera, de modo que los vecinos se unían en la tarea común en beneficio del pueblo. Así si se había decidido limpiar un determinado camino, los regueros o la explanada de la fiesta, todos los vecinos se unían en su esfuerzo por alcanzar ese objetivo. Todos ellos también se veían beneficiados por esa obra que habían decidido hacer.

En la España actual entiendo que también sería bueno recuperar esa tradición de la facendera. Para ello es necesario dos cosas esenciales, la primera que la tarea a ejecutar sea algo que se decide desde el propio medio social, lo segundo que las personas que prestan su esfuerzo en esa tarea se sientan directamente beneficiados por la misma.

Entiendo que debemos hacer una recuperación de valores que hemos ido perdiendo y que en ello podemos encontrar una renovación social que resulta necesaria de cara a superar la crisis actual. Entre esos valores estaría los de la cooperación, la solidaridad, el sentido de la medida o el esfuerzo recompensado.

Sep 152012
 

La triste y sarcástica historia de las pedanías

La realidad de la mayoría de las pedanías es tan simple y cruda como la siguiente: todos los impuestos  recogidos por el Ayuntamiento del que dependen  y que corresponden a la pedanía (IBI, Rústica, Impuesto de vehículo, Contribuciones del Estado…) van  directamente  a las arcas del Ayuntamiento y no revierten  en inversiones y gastos en la pedanía. Las competencias y responsabilidades que el Ayto tiene que asumir respecto a la pedanía son inexistentes gracias a una normativa difusa y a la dejadez de la Diputación en vigilar que esas responsabilidades de inversión se produzcan.

¿Qué han tenido que hacer las pedanías para desarrollarse y modernizarse, tener agua corriente, luz pública, pavimentación, etc? Con un esfuerzo encomiable, los alcaldes pedáneos han tenido que gestionar sus bienes (montes, cotos de caza, pastos, tierras de cultivo…) para disponer de la financiación y asumir esas inversiones que son del Ayto.  Esta es la relación asimétrica e injusta hasta hoy para las pedanías.

El Anteproyecto de remodelación de la Administración local (se llama  con el divertido nombre de Anteproyecto para la Racionalización y Sostenibilidad de la Administración local) propone en un principio  la desaparición fulminante  de las pedanías. Todo parece indicar,  aparentemente, que dejamos de tener una entidad jurídica y que todos nuestros bienes (en muchos casos bienes comunales) pasan a propiedad del Ayto.

No tengo la impresión que vaya a cambiar la actitud egoísta de los Ayuntamientos a la hora de apoyar en inversiones a sus pedanías, incluso después de quedarse con todas las propiedades de éstas últimas. Seguirán con su costumbre de ignorarnos. A no ser que tengamos una cuota de participación de concejales en el ayuntamiento y se establezca una obligatoriedad en la cuantía de inversiones  anuales sobre la pedanía.

En Diputaciones de otras Comunidades Autónomas hoy, con el sistema actual, las pedanías tienen asignado un dinero no desdeñable cada año para inversiones y es directamente la Diputación quien paga ese coste de inversiones. Estamos a años luz de esta situación en Burgos.

Otro aspecto diferente que quiero mencionar es que la desaparición de las pedanías va a suponer el estrangulamiento de todas las iniciativas de desarrollo de las pedanías que propiciaban los alcaldes. Por una sencilla razón: porque estos alcaldes pedáneos ya no existirán. ¿Quién se va a preocupar de resolver lo problemas sobre el terreno y hacer         que el pueblo  tenga iniciativas de futuro?  Estamos hablando de algo crucial: romper las inercias que hacen que los pueblos vayan a  menos y desarrollar las iniciativas de estos pedáneos, que conocen la realidad sobre el terreno. Hablamos, por tanto, de lo esencial y que se resume en una palabra: Desarrollo.

Sinceramente: el desaguisado, la ignorancia, la falta de visión, las ideas huecas, las falsas soluciones que se convertirán en problemas, el desinterés y la precipitación marcan los tiempos de nuestros líderes en un contexto donde, más que nunca, necesitamos una visión inteligente de las cosas.

Tomás Camarero Arribas

Alcalde pedáneo de Briongos de Cervera