Nov 252013
 
  • Vicente Flórez acabó hace cincuenta años con el llamado “foro del pan del cuarto”
Los habitantes de las comarcas leonesas de Babia y Las Omañas rinden ayer y hoy homenaje a Vicente Flórez de Quiñones y Tomé, el notario que hace cincuenta años les libró de los últimos tributos medievales, y en concreto, del llamado «foro del pan del cuarto», por el que los campesinos debían ceder a los condes de Liana, desde los comienzos del siglo XV, la cuarta parte de todas sus cosechas. La abolición del foro leonés, en un pleito que los concejos llevaron hasta las Cortes Constituyentes de la Segunda República, supuso el final de todos los tributos feudales que todavía tenían vigencia en España.

Vicente Flórez de Quiñones, descendiente de una familia de hidalgos que fundó un mayorazgo en Murias de Paredes hace cuatro siglos, fue abogado a los dieciocho años, notario a los veinte y uno de los intelectuales de la época que tuvo que salir de su tierra, al iniciarse la guerra civil, por sus ideas republicanas. Desde entonces, ha ejercido su profesión en Córdoba, donde también es miembro numerario de la Real Academia de la Historia y presidente de la sección de Ciencias Morales y Políticas y de la Asociación Cordobesa de Derecho Agrario.Los paisanos de Las Omañas y Babia hicieron entrega a Flórez de Quiñones del título de hijo adoptivo de los ayuntamientos y pueblos de ambas comarcas, en un acto que tuvo lugar ayer, en la localidad de Riello y que prosigue hoy en la «fiesta del pastor», una romería que rememoran los concejos de la Mesta medieval en los Barrios de Luna. El homenaje recuerda los buenos oficios que el notario desempeñó ante las Cortes en nombre de los catorce pueblos que integraban el antiguo concejo de Villamor de Riello y que, según el propio interesado, «eran un pleito sin dinero de por medio, que no quería ningún abogado».

Los pleiteantes llegaron a Madrid de la mano de Justino Azcárate, diputado de la República y senador hoy por UCD, y contaron con el apoyo de algunos políticos de la época -«unos han muerto y a otros los han asesinado-, entre los que el notario recuerda con especial amistad al entonces secretario de Manuel Azaña, Vicente Gaspar. Ningún partido había llevado la cuestión de los foros feudales a los anteproyectos de reforma agraria, por lo que fue necesario incluirlos en un nuevo apartado de la ley y en algunos decretos posteriores, redactados por el propio Flórez de Quiñones.

Desaparición de las propiedades comunales

La historia de este tributo y su evolución a lo largo de los siglos -en los que, de la cuarta parte de las cosechas, se pasó a una cantidad fija en especies, que luego fue traspasada a terceras personas por los últimos condes de Luna, en 1897- fue recogida, y editada posteriormente, en los documentos que los vecinos presentaron ante las Cortes. El libro es, todavía hoy, uno de los manuales que se utilizan en las facultades de Derecho para el estudio de la época medieval.Los viajes a Madrid -«en tercera, con los presidentes de las juntas»- le abrieron las puertas para intervenir como especialista en la política agraria (Instituto de Reforma) y en la elaboración de algunos decretos, como el de defensa de las comunidades de campesinos, «del que decían que lo habíamos copiado de Rusia, cuando en realidad eran sólo las ordenanzas de Formigones, una aldea de estas comarcas». La abolición del foro había coincidido con numerosos pleitos entre los pueblos y los grandes propietarios, que aspiraban a privatizar los puertos y los montes comunales, de cuyo aprovechamiento como pastos dependía la subsistencia de la mayor parte de las aldeas.

Flórez de Quiñones recuerda, con nostalgia, que «este tipo de pleitos no existe ya», y destaca que en su época «no se realizó la venta de ninguna propiedad comunal». La desaparición de gran parte de éstas a manos del propio Estado ha sido, según él, uno de los grandes errores políticos de las últimas décadas y la causa del abandono de muchos pequeños pueblos de montaña.

Por último, el homenaje al notario tendrá hoy un cierto aire folklórico, con el nombramiento de pastor mayor de los montes de Luna y Omaña,durante una romería que, en su última edición, llegó a congregar a más de 10.000 personas de las provincias de León y Asturias. El programa de actos incluye, como en años anteriores, la reunión del llamado concejo de pastores, intervenciones de grupos de danzas y un concurso de mastines, el perro de raza autóctona que todavía hoy guarda los rebaños de la amenaza del lobo en las montañas de León.